jueves 13 de marzo de 2008

hola a todos

Tras unos cuantos años en el ciberdespacio, hoy empiezo esta nueva andadura en la que comentaré las noticias diarias intentando que sea con sentido del humor sin olvidar el análisis político.

Hoy vamos a empezar con esta noticia.
http://www.elpais.com/articulo/espana/ex/concejal/Palma/gasto/45000/euros/Ayuntamiento/prostibulos/masculinos/elpepuesp/20080313elpepunac_9/Tes

Santo dios, ¿pero a este hombre nadie le ha explicado que existen los cajeros automáticos?

El futuro ya no es lo que era.

1 comentarios:

Luca dijo...

digo yo. esto...
A ver cómo lo expreso sin enrollarme como una persiana, pero tampoco llegando al morse o a las señales de humo.
Si el hombre utilizaba la tarjeta pública. Que lo hacía, conscientemente, está claro, para mí, al menos, que estaba dando carpetazo a su anterior vida dentro del armario. Sería cuestión de tiempo, pensaría. A la próxima que se revisen las cuentas de gastos me pillan. Cosa que no sucedió hasta equis tiempo después. Se me ocurren dos cositas. Una: las cuentas del ayuntamiento iban con la propa pal marisco. Dos: no salió a la luz en su día porque no se quiso y estos días, aún con las urnas calientes, salta la "bomba". Demasiadas coincidencias.
A continuación cito. Dos puntos. Comillas. Nosotros, homosexuales, hemos sido obligados a inventarnos un mundo paralelo, construído a partir de nuestro peculiar modo de entender sus leyes, sus instituciones, sus creencias y su forma de concebir el amor.
Frente a esta perpetua "otredad" en la que vives, frente a un "estar en el mundo" que ni comprendes ni te interesa, y al que sientes perennemente agresivo con todo aquello que eres y como eres, sólo el arte me ofreció la posibilidad de crear una silenciosa mentira que se convirtió en mi única verdad, último reducto de lo real... Cierro comillas.

Son palabras de un artista cordobés: Pepe Espaliú, citadas a su vez en el libro del que hago referencia abajo.
"El Mono Infeliz. Del Instinto a la Conciencia." Promociones Al-Andalus S.L. Sevilla, 1997. (página 128)